El glaucoma es una enfermedad ocular que afecta a millones de personas en todo el mundo y es una de las principales causas de ceguera irreversible. Aunque no tiene cura definitiva, el diagnóstico temprano y un manejo adecuado pueden prevenir o minimizar la pérdida de visión.
¿Qué es el glaucoma?
El glaucoma es un grupo de enfermedades oculares que dañan el nervio óptico, el encargado de enviar señales visuales desde el ojo al cerebro. Este daño suele estar relacionado con un aumento en la presión intraocular (PIO), aunque también puede ocurrir en personas con presión ocular normal.

Causas del glaucoma
El glaucoma puede tener múltiples causas, entre las más comunes están:
- Aumento de la presión intraocular: Ocurre cuando el líquido en el ojo (humor acuoso) no drena adecuadamente, aumentando la presión.
- Predisposición genética: Tener familiares con glaucoma aumenta significativamente el riesgo.
- Lesiones oculares: Un golpe o trauma en el ojo puede provocar glaucoma secundario.
- Otras enfermedades: Diabetes, hipertensión arterial y migrañas están relacionadas con un mayor riesgo de desarrollar glaucoma.
¿Cómo se trata el glaucoma?
Aunque no existe una cura definitiva, hay tratamientos efectivos para controlar la progresión de la enfermedad:
- Medicamentos: Los colirios son el tratamiento inicial más común. Ayudan a reducir la presión intraocular al mejorar el drenaje del líquido o reducir su producción.
- Cirugía láser: Utilizada para facilitar el drenaje del humor acuoso.
- Cirugía convencional: En casos más avanzados, se crean vías de drenaje adicionales para reducir la presión intraocular.
- Implantes de drenaje: Son dispositivos colocados quirúrgicamente para eliminar el exceso de líquido.
El seguimiento médico constante es esencial, ya que el daño causado por el glaucoma no puede revertirse, pero sí detenerse o reducirse significativamente.
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